24 abril 2012

LÍDER AUSENTE (I)

La administración pública peruana se está preocupando por dar pasos firmes en busca de la mejora de la calidad y prueba de ello son los decretos supremos 027-2007-PCM “Políticas Nacionales de obligatorio cumplimiento para las Entidades del Gobierno Nacional”, 025-2010-PCM “Política Nacional de Simplificación Administrativa” y 007-2011-PCM “Metodología de Simplificación Administrativa”. El segundo de ellos tiene el objetivo de estandarizar la metodología para la mejora de procesos y dotar de mejor calidad a los procedimientos administrativos, buscando el enfoque a los usuarios. En este sentido son loables los esfuerzos del Estado Peruano, sin embargo, a la metodología de aplicación le está faltando reforzar la parte humana, es decir, las competencias necesarias para sacar adelante proyectos de tal envergadura y que podrían tener un impacto muy positivo en los servicios que el Estado presta a la ciudadanía en general.
En todas las metodologías o herramientas de cambio o innovación organizacional, siempre se da especial relevancia a actividades como: “apoyo político”, “capacitación y sensibilización de equipos”, “identificar y comprometer a los líderes”, “papel preponderante del gerente en el proceso de cambio organizacional”. Todas estas actividades siempre son ubicadas al inicio del proceso de cambio. Sin embargo, no se ha contemplado, y nadie lo dice, que muchas veces las iniciativas de cambio e innovación fracasan o no logran los resultados esperados justamente porque son los líderes o gerentes los que no se comprometen con su función ineludible de agentes clave del cambio organizacional.
Esta situación podría presentarse en todo tipo de organizaciones pero sin duda es el gran obstáculo en las organizaciones públicas. Es muy difícil o hasta imposible lidiar con un gerente o líder que no entiende la necesidad de cambio, o que si lo hace, no lo apoya por intereses políticos o desconocimiento. Este gran obstáculo no es contemplado por las metodologías o por las normas de promoción del cambio e innovación en el sector público, de ahí que pese al D. S. 027-2007-PCM, que en su Art. 2, numeral 10 declara la obligatoriedad de la simplificación administrativa, esta no se cumpla.
Se debería entonces tener en cuenta el factor humano y cultural, e impulsar una política de gestión de la cultura en el sector público con base en el aspecto reglamentario que contemple sanciones a los funcionarios que ignoren e incumplan las normas legales en materia de mejora y modernización, que de hecho llevarían a la disminución de la corrupción. Se debe tomar el toro por las astas, ya que de nada sirve que “gerentes de nivel medio” busquen la aplicación de la normatividad vigente en materia de mejora de procesos y calidad, si se van a encontrar con falta del apoyo político que todas las metodologías ponen como base del sistema. En el sector público, muchos de los “líderes” están simplemente ausentes.

18 abril 2012

¿ADMINISTRAR ES CAMBIAR?

Quisiera citar muy rápidamente un concepto de administración, quizá no muy “académico” pero si de fuente muy utilizada como Wikipedia (¿qué sería de mi vida sin Wikipedia?): “ciencia social y técnica encargada de la planificación, organización, dirección y control de los recursos (humanos, financieros, materiales, tecnológicos, el conocimiento, etc.) de la organización, con el fin de obtener el máximo beneficio posible; este beneficio puede ser económico o social, dependiendo esto de los fines perseguidos por la organización”. En base a este concepto, el obtener el máximo beneficio posible es lograr resultados esperados, tener éxito o, dicho de otra forma, lograr los objetivos predefinidos. Incluso, si revisamos más conceptos de diferentes autores, el enfoque es el mismo: logro de objetivos y estos siempre están relacionados a una perspectiva de éxito.
En la actualidad, es más difícil conseguir ese éxito, ya que existen muchas organizaciones compitiendo y luchando, interna y externamente, por conseguir ese ansiado éxito, incluso a costa de las demás. Esta actualidad que nos toca vivir está más y más influenciada por factores adicionales que ejercen fuerte presión: leyes, política, competidores, clientes externos e internos, economía, socio-cultura, etc.
Entonces, es una “cosa de locos”, que exige adoptar nuevas formas de hacer las cosas, nuevos métodos, técnicas, enfoques, personas. Esta necesidad de adopción de nuevas prácticas bien puede llamarse “innovación” o “cambio”, es decir, como hay muchas presiones internas y externas, las organizaciones en la actualidad están casi obligadas a innovar y cambiar con el gran propósito de alcanzar sus objetivos que es su perspectiva de éxito.
En consecuencia, para afirmar que sabemos administrar, tenemos que saber necesariamente de innovación o cambio organizacional, al parecer único camino para el éxito y la supervivencia. Y ese “cambio” tan necesario hay que saberlo planificar, organizar, dirigir y controlar. En conclusión afirmo lo siguiente: “administrar es, aparte de lo que dicen los libros, tener las competencias necesarias para promover y ejecutar cambios que viabilicen el logro de nuestros objetivos. Administrar es cambiar”.